Víctor Jaenada EN RESiDENCiA en el Instituto Pompeu Fabra

Conocer al alumnado, a cada uno de ellos. Saber qué saben de arte o qué les interesa del arte, qué les gusta hacer o pensar. Tomaremos los puntos fuertes de cada cual e intentaremos empezar a desarrollarlos individualmente y a relacionarlos con los puntos de los demás; la combinación ya es, por sí misma, un tipo de creación.

La teoría es que sean ellos mismos quienes vayan encontrando sus lugares en un proceso creativo que se irá ampliando y concretando paulatinamente. A medida que construyamos, iremos definiendo la forma que podría acabar teniendo.

Me gustaría inducir, canalizar, la energía creativa generada hacia un formato final cercano a lo escénico, pero sin ninguna premisa inicial, más allá de una simple proyección mental en esa dirección. Sí que intentaremos que el contexto más cercano —instituto, barrio y/o ciudad— tenga algún papel.

Los temas que suelen atravesar mi práctica artística normalmente tienen que ver con la cultura popular o con lo que me pasa, a mí o a mi mundo, siempre desde una óptica “universal”. La manera en que estos temas se materializan son formas en apariencia simples y directas, pero con diferentes capas ocultas y ricas: la poética, la simbólica y otras.

Normalmente trabajo el formato instalativo, desde que la pintura se me fue expandiendo; algo similar a lo que me está pasando ahora entre el mundo de las instalaciones y el de lo escénico, como un camino natural y líquido. En definitiva, en mi proceso de trabajo, sea cual sea su formato, muchas pequeñas obras crean una grande. Así pues, muchas habilidades y muchas microevoluciones, lo mismo.

Nos adentraremos todas juntas en un proceso nuevo e ignoto, en una deriva creativa. Pasaremos momentos de crisis, de hoja en blanco y de tambaleo, pero también momentos de superación e iluminación. La confianza en nosotras y entre nosotras será nuestro combustible. En las primeras sesiones habrá contención, calma y tiempo; en las últimas, nos lanzaremos al barranco sin remedio.