Paula Vicente EN RESiDENCiA en el Instituto Jaume Balmes

Más allá del oído existe un sonido, en el extremo de la mirada un aspecto, en las puntas de los dedos un objeto: es allí donde voy.
La punta del lápiz, el trazo.
Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría, otra alegría; en la punta de la espada, la magia: es allí donde voy.
En la punta del pie, el salto.
Parece la historia de alguien que se fue y no volvió: es allí donde voy.
Clarice Lispector. Es allí donde voy.

Este proyecto busca situar el punto de partida en las vidas más-que-humanas que forman silenciosamente parte de nuestra cotidianidad, en los objetos de nuestro alrededor que pasan desapercibidos. Poner la atención dentro de nuestras casas, en el camino de casa al instituto, en los parques cercanos o dentro del propio instituto y preguntarnos: ¿cómo nos estamos relacionando con las otras vidas que nos rodean? ¿Cómo entendemos los ecosistemas que nos conforman?
Creo que en un presente denso y complejo como el que habitamos, nuestra atención se vuelve cada vez más política. Se hace necesario agudizar la escucha, devolverla al cuerpo: ¿qué es aquello que pasa desapercibido? ¿Por qué? ¿Quién explica los relatos que escuchamos? ¿Quién no? ¿Qué historias podrían surgir de la semilla dentro del armario? ¿O del objeto abandonado en la acera de la calle? Repensar juntas hacia dónde queremos movernos, qué es el progreso y qué papel juega la tecnología en él.
Así pues, a partir de metodologías colectivas como el juego, la curiosidad, la experimentación, la intuición y las herramientas propias de las artes visuales, derivaremos juntas, nos perderemos, fallaremos y volveremos a empezar.
Me gustaría invitar a apropiarnos de la tecnociencia y abrir nuevas relaciones entre la tecnología y la vida, humana y no humana, entre objetos orgánicos e inorgánicos. Inventar ecosistemas, difuminar binarismos, explorar otros puntos de vista. Especular juntas hacia aquello que no sabemos, entender la imaginación como una herramienta intrínsecamente crítica y regenerativa: ¿por qué querríamos imaginar otros mundos si todo nos pareciera bien en este?
O, quizá, todo ello trate de encontrarnos para crear vínculos, tejer puentes, potenciar el cuidado, dejarse afectar, ensayar posibilidades. Despertar escucha y preguntas, repensar miradas, abrir temporalidades dilatadas y encontrar estrategias para sostenernos entre nosotras. Generar colectivamente otras maneras de estar y habitar el mundo.