Pablo Macho Otero EN RESiDENCiA en el Instituto Barri Besòs

En el mito de Babel, la Biblia presenta la pluralidad lingüística como un castigo. Sin embargo, también nos dice que la lengua unificada lleva a los hombres a compararse con Dios, una clara alusión a los fascismos en los que han desembocado distintas ideologías nacionalistas. También hay una hermosa metáfora de la altura. El pluralismo lingüístico implica una propagación y una dispersión horizontales en el espacio, mientras que la unificación de la lengua se realiza en sentido vertical, lejos de la tierra”. Ahmed Ghazali (2008). “El teatro no es Babel”, revista (Pausa.), n.º 29, p. 31.


No tuve la suerte de conocer al dramaturgo marroquí Ahmed Ghazali, que lamentablemente perdió la vida en un accidente el verano pasado, pero cuando leí hace unos días este artículo, escrito hace más de quince años, lo recibí como un presagio y una invitación. Si de algo puede presumir con orgullo el Instituto Barri Besòs es precisamente de la gran diversidad de culturas y lenguas que llenan sus pasillos. Como amante de la lengua y la palabra, sentiría que pierdo una oportunidad si no aprovecho esta pluralidad en un proyecto de teatro. Así pues, con el mito de Babel como telón de fondo y las diversas lenguas habladas por el alumnado como materia prima, me gustaría realizar ejercicios de escritura y traducción, así como investigar qué es para ellos (individual y colectivamente) la utopía. ¿La verticalidad unificadora de la torre? ¿La horizontalidad de la dispersión plural? ¿Un término medio? ¿Ninguna de las dos? Y lo más importante, ¿cómo representar la utopía en un mundo cada vez más distópico? Ya os lo contaremos. Hablando la gente se entiende, dicen.