Milena Rossignoli EN RESiDENCiA en el Instituto Jaume Botey

A lo largo del curso escolar, me gustaría recorrer los procesos, las experiencias, las prácticas, las emociones, los errores y las decisiones que me llevaron a la exposición en la Capella.
No tanto para mostrar cómo se construye una exposición, sino para compartir maneras de crear herramientas a partir de las propias experiencias de vida.
La llegada a esta exposición como punto de partida me inspira, ya que puede enfocar, sobre todo, interrogantes y estímulos para descubrir mundos internos y externos que giran en torno a mi práctica, como el eje de mi último proyecto, que se centra en la idea de aprender a caer, desarrollando una práctica de repetición que busca asumir de manera natural las coincidencias que se presentan entre el ukemi (el arte de caer en las artes marciales) y la escultura.
La escultura ligera, las caídas del aikido, los materiales y el movimiento pueden desarrollarse poco a poco en momentos de juego, conversación y poesía, a través de la escultura y de la disciplina del aikido.
La investigación escultórica que, en este caso, querría profundizar, absorbe el estudio del equilibrio psicofísico que se desarrolla en el aikido a través del contacto físico entre dos personas y del contacto entre la persona y el suelo (la caída), para conceptualizar temas psicopedagógicos sobre el beneficio que nace de la unión entre disciplinas, entre personas y entre materiales.
Me interesa investigar más a fondo, a lo largo de este curso anual, las prácticas que yo misma estoy aprendiendo, tanto a través de mis maestros como de manera autodidacta, en mi descubrimiento personal de los materiales. Situando como eje central de todo el curso —tal como se estudia el aikido— la necesidad de seguir desarrollando un cambio de mentalidad constante, tanto en el movimiento de cómo pensamos nuestro cuerpo y el espacio, como en el enfoque hacia la materia y la escultura.
La experimentación con materiales que conduzca a un cambio radical en la idea de escultura puede desarrollarse investigando e identificándose con su propio comportamiento, como su relación sensorial, la dinámica de la suavidad, la rigidez, la tensión, la suspensión o la curva.
Por ejemplo, materiales como el cemento, que en nuestra idea colectiva ocupan el lugar de algo eterno, muy duro y pesado, si se trabajan en una capa fina sobre un material que por sus características técnicas es flexible y ligero (como aquellos materiales que se utilizan para volar), permiten obtener unos “papeles” de cemento, elásticos y ligeros. Es como encontrar la fuerza presente en la vulnerabilidad. Me parece que este cambio de percepción de un material equivale a un cambio de mentalidad.
Me gustaría, a través de ejercicios prácticos, lecturas o paseos con los estudiantes, condensar nociones y procesos que he llevado a cabo en los últimos años, durante los cuales he estado profundizando en cuestiones en torno a la capacidad humana para imaginar el entorno de otra manera y el poder del contacto o de la unión para ayudar a despertar una conciencia plástica: la búsqueda del equilibrio en lo real y el dominio de la armonía (aikido).