- 17a EDICIÓN 2025 / 2026
- 16a EDICIÓN 2024 / 2025
- 15a EDICIÓN 2023 / 2024
- 14a EDICIÓN 2022 / 2023
- 13a EDICIÓN 2021 / 2022
- 12a EDICIÓN 2020 / 2021
- 11a EDICIÓN 2019 / 2020
- 10a EDICIÓN 2018 / 2019
- 9a EDICIÓN 2017 / 2018
- 8a EDICIÓN 2016 / 2017
- 7a EDICIÓN 2015 / 2016
- 6a EDICIÓN 2014 / 2015
- 5a EDICIÓN 2013 / 2014
- 4a EDICIÓN 2012 / 2013
- 3a EDICIÓN 2011 / 2012
- 2a EDICIÓN 2010 / 2011
- 1a EDICIÓN 2009 / 2010
Fito Conesa EN RESiDENCiA en el Instituto Narcís Monturiol
La música: espacio íntimo compartido
La música es, sin duda, un espacio íntimo compartido. Es decir, de algún modo la utilizamos para atravesar emociones y momentos intensos. Tanto para diluir como para amplificar lo que sentimos. Vamos a un concierto y, emocionadas, somos capaces de cantar aquellas canciones que, hasta ese momento, habían estado confinadas en ese rincón mental que se crea entre nosotras y los auriculares a todo volumen.
Cantamos, balbuceamos en otros idiomas y repetimos melodías hasta la saciedad. Melodías que nos transportan a un recuerdo, a un instante, y nos sitúan en un estado de ánimo preciso. En este contexto, la voz emerge como protagonista: es el instrumento principal de esta catapulta emocional.
La propuesta de Conesa parte de este universo musical cotidiano y compartido: construir un coro efímero donde cantar, sin necesidad de ser cantantes, piezas creadas colectivamente. Una práctica que trasciende el simple ejercicio de karaoke para convertirse en un lenguaje universal que nos conecta con nuestro yo más íntimo y emocional —a través del grupo.
Porque, a veces, no hacen falta palabras para entender que una pieza habla de una ruptura. Y, a veces, no hace falta mencionar la felicidad para sentirla plenamente.